lunes 3 de septiembre de 2007

POSICIONES (parte 2)


...Lasers, luces, música idiota, cuerpos menores, hormonas hirientes, todo eso entró en Patricio y lo fulminó, mientras una lengua ajena lo desconcertaba, había llegado al número 1. La pendeja soltó su boca de sus manos hollywoodenses. Empezó a vomitar intrascendencias, boludeces, el miraba todas sus próximas victimas, sus próximos puntos en la tabla, unas valían 5, otras 3, algunas hasta restaban, culos flacos y gordos, caras hermosas, narices grandes y tetas gigantes. Todo estaba ante sus frenéticos visores. Ella, impaciente por la falta de atención, mientras la mano le exploraba el pavo, volvio a tomar de la boca a Patricio y a tranzarlo fingiendo ser una diosa de la nouvelle vague. El agarro viaje. Si a los boliches no va nadie, la entrada se vuelve mas barata.
Pasadas apenas las doce, salió del antro para menores alabado e idolatrado por su grupo de secuaces, todos vírgenes de boca. Estaba primero en la tabla. Era Boca, River, Velez…no era Chacarita. Caminaron bobos unas horas, tomaron birras, mitificaron un porro y Patricio se fue a dormir triunfante. Había encontrado su camino a la primera posición.

Desde el primer momento como cazador lo supo, habría futuras victimas, que se movían salvajemente en el orden simbólico de asfalto, gacelas, liebres, serpientes, aves, hipopótamos. Irían cayendo una por una, o de a dos, en sus palabras de payaso, en su cuerpo sobrio, rostro de soldado, inteligencia coordinada y ropas modernas. Así serian los próximos ocho meses…

28/3 – morocha, blanca, flaca y tetona. Besos en boliche kermesico de Palermo.
14/4- Rubia, gordita y muy puta- tarjetera. Besos y manoseo de culo, Matinée desagradable del centro.
9/5- Compañera de secundaria, flaca, linda y asquerosa fumadora. Impacto de lenguas en plaza de recoleta.
17/5-la rubia puta otra vez, le hace una paja en un departamento gris de Boedo.

Esto lo distancia largamente de sus atrasados competidores.

20/6- morocha concheta, insulsa y petiza. Besos y manos habituales en matinée carnaza de Almagro.
8/7- pelirroja semi-fea, escuálida y con culo parado. Besos en soporífera fiesta de quince en Villa Ortúzar.
12/8- flaca, linda, castaña y anteojuda, dos años mayor. Lengua/ manos /culo, fiesta oligofrénica en una casa de Núñez.
22/9- Batracio infame, besos y chupada de tetas. Minutos mas tarde, morocha, pálida y de cuerpo babeante. Todo en la fofa Matinée de Almagro.
17/10- rusa morocha y de culo vibrante. Besos y tocada de concha, en el departamento de Patricio, Belgrano. (Vacaciones inútiles de sus padres)

Entre muchísimas otras.

Patricio Don´t stop. Pero sus amigos tampoco, sus habilidades despertaron impaciencia y deseo en el resto de las hienas, pronto un grupo de siete conejos urbanos asediaba a todas las púberes que se cruzarán en la ciudad. El magnánimo puesto Nº1 peligraba, la sensación de inminente segundo puesto era destructora e insoportable. Pero el alplax iba a llegar.

Noche de noviembre. Una fiesta ebria en El Once. Patricio y sus competidores están en una casa sin padres, de Julio precisamente, el amigo que de mas cerca sigue a Patricio en su ranking mental. Casi en Panic Attack por el caer de su monarquía, Patricio empezó a mostrar su predominio en otras artes. Ser el único, el número 1, es algo que no se puede abandonar, no es una mujer. Ante el cántico primitivo de “fondo-fondo”, tomó un vaso largo de vodka barato y se lo penetró en la gargantaesofagoestomagocerebro, después armó y prendió un porro incitando a sus a seguirlo. Repite ambos actos, una y otra vez hasta las dos de la mañana.
Quedo una mesa llena de botellas, cervezas, vodka y un cartón de clericot, un cenicero lleno de tucas, colillas, envoltorios e incluso habanos, dentro de un living sonso y desordenado. Los jóvenes bajaban por el ascensor, ayudando a Patricio que cuasi-vomitaba su remera de marca y se miraba vació en el espejo del prisma metálico. Departamento-Calle. Pararon el 68.
Ocuparon la ultima fila de asientos del colectivo, Patricio agarró uno al lado de la ventana, iba cabeceando y pateando una y otra vez, la marihuana afectaba rígidamente su percepción y el colectivo frenaba-movía-frenaba-movía-frenaba-movía. Vomito hacia la calle, el colectivero se dio cuenta y miro hacia atrás con cara de orto, pero el tapizado se encontraba intacto, al igual que la remera y jean de Patricio. El viaje continuo en su curso normal. Dos filas adelante había tres chicas de unos dieciséis años, conchetitas y cogibles, los amigos de Patricio empezaron a tratar de seducirlas con chamuyos coreanos, mientras el moría por unos minutos en el sucio asiento de cuerina. Su reinado estaba en caída libre, escuchaba las voces vulgares de sus amigos y risas ingenuas de mujer que generaban algún coqueteo irrealizable, mirando grogui los grafittis del respaldo del asiento delantero “ Aguante River” “Boca Puto” “Callejeros” “Chacarita puto” “Chacarita equipo chico” “ Patricio puto” “Patricio equipo chico” “patricio mediocre y cornudo”” Patricio puto”

Puto
PUTO
PUTO

Volvió de la muerte y despotrico tres kilos de guasadas, mediadas por eructos y amagues de vomito hacia las conchetitas. La mitad de sus amigos reía sin parar, los otros lo miraban con cara de orto, el colectivero se dio vuelta con ganas de cagarlo a trompadas pero siguió manejando. El colectivo volvió a la normalidad, las chicas se pararon y miraron a Patricio con un desprecio que el jamás había recibido en su vida, se le incendiaron los ojos y el cerebro se le puso flácido. Esa noche estaba totalmente derrotado, suicidado. Las chicas se bajaron.
Ellos bajaron en Once, a la altura de Plaza Miserere, Patricio tambaleaba, sus amigos coreaban canciones de Los Redondos con un Freeze que iba pasando de mano en mano y llenando las gargantas de acido. Esquivando linyeras, cartoneros y cumbieros aceitados, llegaron al edificio. Un edificio horrible, gris y vació con un hall de cemento, que te hacía sentir en la SIDE, guiados por la dueña de casa, un bagallito muy apetecible subieron hasta el octavo piso/ terraza-lugar de la fiesta. Los departamentos que se veían al subir desde las rejas del ascensor, parecían solo alojar bolsas y cajas, como todas las habitaciones del Once, solo bolsas y cajas, llenas de mercadería barata, indistinguibles una de la otra. El bagallo abrió la puerta del departamento y el sonido de fiesta aturdió las expectativas.

Los amigos de Patricio, se precipitaron pronto sobre un balde con hielo lleno de alcoholes del cual sacaron una botella de piña colada, sobre otros amigos de ellos mismos a comentarle el pedo y las guasadas de su amigo y sobre un puñado de chicas que bailaban un reggaeton nefasto. Patricio sucumbió en un sofá de cuero negro del que se le salía la goma espuma por algunos buracos, sucios en vino de cartón. Le dieron en la mano un vaso de cerveza tibia y con poco gas, tomo un sorbo mínimo y fisuró, iba a dormir, y capaz a las 4 podía disfrutar la fiesta. Un boceto de la música caribeña y boba le descuartizaba la cabeza y las sustancias que iban y venían en su esófago, lo despertaban cada 5 minutos. Abrió los ojos.

La boca, los ojos, el peinado stone y glam a la vez, las tetas divinas, el culito delgado. A su lado estaba la pendeja, su primer beso, el desencadenante de la obsesión, fingiendo ser una femme fatale, algo negro le ajustaba los pezones y el jean era suelto y ajustado a la vez, tenia un cigarrillo en la mano, hubo una peripecia en el dj, y empezó a sonar New Order. Ella Lo miro riéndose...

jueves 30 de agosto de 2007

POSICIONES (parte 1)



Patricio Méndez. Hijo de un jugador de fútbol de mediana calidad. José Luís Méndez mediocampista de Chacarita, Banfield, Cobreloa de Chile y Colon de Santa Fe entre otros. Y de una abogada, Cecilia Lanzani, mujer común de barrio común, a la cual José conoció en un boliche de suma gratitud. Tetas-culos-daikiri. Aunque José quería una mujer ama de casa, sus viajes a Chile y otros países le dieron la suficiente libertad a Cecilia para recibirse de abogada en una universidad privada. Patricio crecía.
Fútbol. Fanático de las tablas de posiciones, tablas de goleadores, promedios del descenso, a eso jugaba Patricio todas las tardes. Mientras, mama era penetrada una y otra vez, miles de veces, mordiendo la almohada para que el chico no oyera. Iba llenando un álbum de figuritas. El Edipo real estaba en otra provincia. Patricio seguía mirando las tablas de posiciones.

1-Boca 32 puntos
2-Vélez 31 puntos
3-River 29 puntos
17- Colon 11 puntos

Los equipos de papa siempre estaban últimos. Papa no era la figura. Papa es mierda. Un amigo de José Luís salió del cuarto de Cecilia.

¿Qué haces campeón?
Hola
¿Te gusta el fútbol?
No
¿De que cuadro sos?
Ninguno

La verga de turno termino de vestirse y se fue. La infancia continuaba.
Escuelita de fútbol. Alambres-arena-pelotas. No importaba ganar, ni jugar bien, importaba quien era el mejor. Manuel mete dos goles, Ignacio mete 4, 6 atajadas de Pedro, 1 de Alan, 15 foules por partido, promedio de 8 goles. Visiones ajedrecísticas lo aturdían y tan solo deseaba llegar a su casa, a anotar las tablas de posiciones, pero en las mismas, no podía superar la mediocridad de su padre.
Lo mismo pasó en handbal, tenis, básquet, etc. Los humanos se unen a través de pelotas. Las pelotas no pican en suelos blandos.

Adolescencia. José Luís estaba semi-retirado, huesos rotos, insatisfacción profesional y carrera frustrada. GOL. Gritaba su esposa que lo odiaba en secreto, estaba mas en casa, ahora que jugaba en Ferro y su vagina estaba famélica. Su boca era un insert coin de Rivotril. Patricio había tenido, una buena formación académica, había vivido entre burgueses y a pesar de sus mambos todo marchaba bien. 14 años, en la secundaria sus compañeros momos lo idolatraban bastante por su condición de hijo de jugador de futbol, el no lo entendía pero aprovechaba, subía mas y mas en la tabla. Este ascenso fue lo que llevo al hecho caótico. El accidente que hasta aquí, la baja densidad de semen craneal evitaba, pero una nueva era nacía.
Matinée. La grasa chorrea por las paredes, la carnicería teenager es feroz y los pequeños potros esquizofrenean, sabado- diez de la noche. Más daikiris inmundos e insoportables, cigarrillos mal fumados y porros solitarios. Suena un rock n roll detestable y todos bailan, corean, una pendeja se acerca como una pantera titanica. Linda, lindas tetitas, muy bien para la edad. Se acerca. Toma a Patricio de la mano y lo lleva a un sofá, en el sofá corren con los codos a una gorda que simula coger a un negro engominado, un patova duro como un turrón observa. Patricio reconoce a la pendeja, va a su secundaria, esta en los primeros puestos de su tabla de posiciones, todo asciende, todo asciende. Gol. Contacto brutal de lenguas, el no entiende, su animalidad inexistente sigue el acto y la mas infernal merluza le entra por la nariz. Mientras las uñas juegan con una tanga punzante, los bocetos completos de su destino han cambiado.

miércoles 22 de agosto de 2007

PLAYA (parte 2)

Abrí los ojos. Era de día. Vi un culo, un pibe se rajó un pedo en mi cara y salio corriendo, sus amigos se rieron a la distancia. No tenía fuerzas para correrlo, tampoco me molestaba que se burlen de mí. Me levante lleno de arena y manchado con vomito. Miré mi morral, no me habían robado nada Le pregunté la hora a una vieja. “Son las diez”. Había dormido bastante. A las doce salía el ómnibus a Villa Gesell. Me apuré para llegar a La Lucila. Salí de la playa. Al llegar al asfalto vi mi inmundo hotel. Estaba en La Lucila. Había llegado. Una planta floreció en mi alma. Todo mejoraba.

Hora y media de viaje a Gesell. Dormí, tenía secuelas físicas de la noche anterior. En la terminal me esperaba mi tío. Terminal-taxi-chalet. Comimos tallarines con albóndigas. La tía es muy buena cocinera. De lo mas rico que había comido. Todo en mi vibraba, todo era nuevo, sentí un gran vacío y muchas ganas de llenarlo. El tío me preguntó que estaba estudiando, me dijo que tenía mucho talento sin aprovechar, yo le dije que el talento solo es tal si se lo lleva a la practica, sino es abstracción. Respondió “todo es abstracción”. Mi tía se fue a dormir la siesta. Nos quedamos charlando. Me contó los problemas con mi primo Juan, que ahora estaba de mochilero en el sur. Mi primo se droga con frecuencia.
Fin de la sobremesa. Fuimos a la playa. Jugamos al fútbol, hablamos de sexo (no se por que), mar y truco.
Noche. Cene con ellos en su chalet, hicimos un asado. También increible. Sobremesa de nuevo, mi tío me dijo que tendría que estudiar psicología, respondí que no. Parte de mi mente lo tomó en serio. Agarré mi morral, los anillos y me fui al centro a ver unos clientes. Eran las once de la noche.
Doce de la noche., Ya había visto a los clientes, me fui a leer a un parador frente al mar. Nada que hacer y sin sueño. Caminé, todos tomaban alcohol, todos eran adolescentes. Era un hombre callado en una multitud de eructos. En el parador pedí una coca, no quería más alcohol. Leía el libro de Freud totalmente compenetrado, su voz sonaba violentamente en mi cerebro. En el lugar, solo un par de matrimonios viejos, nada interesante. Pasó una hora. Me fui.

Caminé por la playa, tranquilo y hacia el norte disfrutando del aire. Llegué a un punto donde no había gente ni balneario. Parecía un verdadero lugar de vacaciones. Paz. Giré la cabeza. Una chica vestía pollera y musculosa blanca, su pelo rubio y ondulado volaba en viento demencial. Caminaba derecho hacia el mar ¡No por dios! Se iba a suicidar. Las mujeres no son muy originales para suicidarse. Si, se quería ahogar. ¿No podía haberse tomado dos blisteres de ibuprofeno en la casa? ¿Por qué la gente quiere ser como los personajes históricos o la gente de la tele? ¿No puede querer ser como la gente normal? Una potencial Alfonsina Storni frente al mar, y yo era el único boludo en la zona. Odio el romanticismo.
Pero me di cuenta, después de reflexiones y preguntas de pizzería, que esa mujer era mi primer oportunidad. Oportunidad de evitar un suicidio, que alguien se cayera y ardiera, que alguien se inmolara contra el orden simbolico universal. Lo iba a evitar. Me levanté, Corrí hacia ella, que caminaba sobre las olas, entrando en lo profundo. Nadie alrededor. Corrí-grité (no me escuchaba) -me caí en el agua. Trague el agua salada, cerré los ojos un segundo y escuché miles de pisadas en el fondo del mar, pisadas de muertos, que pisaban en mi tejido cardiaco. Saqué la cabeza del agua y la llamé. Ella se dio vuelta. Amo el romanticismo.
Ella se dio vuelta. Era la chica hermosa y deprimida de anoche en San Bernardo. Un balazo de Cupido fulminó mi retina. Su rostro suave dijo-No me voy a suicidar…-. Me sentí un idiota. “Ah bueno discúlpame”.”…pero ganas no me faltan”. Dejé de sentirme un idiota. ¿Te puedo ayudar?
Salimos del agua. Se llamaba Marina, tenía veinte años y estaba veraneando en Gesell con su familia, hasta ayer había estado en San Bernardo con las amigas, no le comente que la había visto. Me tranquilizó conocerla, tenía miedo de que su belleza fuera una alucinación. Su vida era muy difícil, tenía insomnio, se deprimía y nunca le había ido bien con los hombres. Tenía verdaderas ganas de suicidarse. Empapados, fuimos a tomar algo al centro. Ahora la muchedumbre viciosa y grotesca no me molestaba, a ella tampoco. Cinco de la mañana. La acompañe a su casa, no la besé ni nada. Comenté que mañana iba a estar todo el día en Pinamar y a las seis de la tarde me volvía a capital. Me dijo que me iba a acompañar. Un jardín floreció en toda mi entidad.

Diez de la mañana. Me despedí de mis tíos y fui a tomar el colectivo. No pensé que fuera así, nada podía ser tan bueno, pero Marina me esperaba en la terminal. Había encontrado un tesoro en el mar. Tomamos el colectivo.
Para la una, había despachado los últimos clientes. Comimos unos sándwiches (ya casi no tenia dinero), le conté como la vi en San Bernardo. La bese. Tarde olímpica. El útero carcelero estaba despedazado. Las seis. Nuevos besos, aire de playa que se va. Me fui. Ella me saludó y volvió a Gesell. Capaz en quince días nos veríamos en Buenos Aires.

Once de la noche. Estaba llegando a Retiro, había logrado tanto en la tierra del padre, en solo tres días. Me podría haber quedado, pero no¿ Podría mi vida ser tan buena en Buenos Aires, mi madre urbana? Lo dudaba. Nadie me esperaba en la estación. Nadie me esperaba. Nadie. Mentira/mentira/mentira. Me esperaba mucha gente. Todos esperaban mis palabras.
Nada en mí ser psíquico tenia sabor a vientre, a placenta. No había útero ni cordón umbilical, ya no vivía en una eterna incubadora. Mis vicios, mis pulsiones y mi dictadura falica habían caído. Mi alma y mi mente tenían más vida que nunca. Tenían existencia real por primera vez. Regresaba a mi ciudad natal para al fin poder dominarla. Mi nuevo ser estaba lleno de mi yo. Era algo incontrolable.

En el silencio del éxtasis, baje del micro, tome mi bolso y empecé a caminar por Retiro, rumbo a mi hogar. Noche. Yo era un hombre en una multitud de gritos.

domingo 19 de agosto de 2007

PLAYA (parte 1)

Un grito en una multitud idiota. Estación Retiro, anochecía. En cinco minutos empezaría un viaje hacia la costa atlántica. No iba a veranear, iba a vender anillos, platería. Sogas para dedos felices. No me fascinaba trabajar de esto, ayudaba a mi viejo. De paso viajaba y pasaba un tiempo solo. Lo necesitaba.
El micro estaba por salir. Subieron dos policías y un ovejero alemán. No podría haber sido de otra manera. Traía droga. El perro óleo mi bolso de mano. Me hicieron bajar, la gente me miraba como si fuera un fracaso viviente. Lo era. Les dije que era para consumo personal, una piedad incomprensible se apoderó de ellos y me dijeron que les de los porros y listo. Puse los dos que tenía en mano del oficial. Yo deseaba que secuestraran mi droga cerebral, la que siempre me había hecho esclavo. Estaba condenado a hacer este viaje. Regrese al ómnibus. No tenía vergüenza ante las miradas obscenas. El chofer arranca.

Quilmes. Eran las once, todos trataban de dormir, yo, de escribir esto que leen. Miraba la Ciudad de Buenos Aires alejarse. Ese útero gigante que me aprisionaba y me encantaba. Útero eterno. Solo saliendo de la ciudad podía progresar, saber lo quería. En la ciudad solo podía vivir. Me alejaba de mi madre, de mis hermanos, destrozaba el cordón umbilical. Entraba en la tierra del padre, donde todos son un Layo sediento de venganza. Donde solo podías defenderte.
Lezama. Desperté, había dormido dos horas. En el asiento de atrás una adolescente discutía con su madre. No la habían dejado ir de vacaciones sola. La chica tenía razón. Saque un libro, pero la discusión no me dejaba concentrarme. Poe tendría que esperar. Encontré la luna, tras las nubes. Salvación nocturna. Mi papa no había podido hacer este viaje y esta mercadería se debía vender antes del aluvión turístico. La gente no es muy original para irse de vacaciones. No quería venir, pero vi la oportunidad de encontrarme, ver que quería hacer. Atrás seguía la trifulca, la chica lloraba al hablar. Me dormí, pero no dejé de estar pendiente de ella.

Vendí anillos todo el día. En realidad desde las once de la mañana. La cama del hotel “una estrella” no era muy buena, sino hubiera dormido mas. Termine el libro de Poe en la playa, después me vi con más compradores. Eran las nueve de la noche. La Lucila del Mar nunca tuvo oferta nocturna. Me tomé el colectivo a San Bernardo, necesitaba comida, un libro nuevo y una mujer. El viaje era de solo quince minutos. Viaje parado, al lado de dos chicas. Una contaba haber visto a su novio tomar merca y que la había golpeado, pero a pesar de esto no lo dejaría. Yo no dejaba de escucharla.
Baje. La peatonal. Ahora era un grito en una multitud de carcajadas. La gente suele estar feliz de vacaciones. Entre en una librería, fui directo a los libros de seis y siete pesos. Entre un montón de basura, estaba “La Interpretación de los Sueños” de Freud ¿Qué hacía ahí? Era un error de precios. Este libro suele salir más de treinta pesos. En un mundo regido por el dinero, hay que considerar los errores brutos de precio como un hecho cabalístico, una ayuda sobrenatural. Lo compré. Siete pesos con cincuenta.
Fast food. Me sente solo en una mesa amarilla con una silla oxidada. Pedí cuatro empanadas y una cerveza nacional. Leía el libro y me interesaba página a página. Me trajeron la comida, las empanadas ácidas como siempre, pero ricas, la cerveza estaba fría. No tenía exigencias por diez pesos. Pague y me quedo leyendo en la mesa. Atrás cinco chicos de mi edad, comían pizza, uno comentaba haber sufrido eyaculación precoz. Sonaba preocupado.
Vi pasar una chica de unos veinte años por la calle, vestía pollera, musculosa y una bandana. Estaba deprimida, era hermosa. Puse el libro en mi morral y me levante de la mesa como un idiota que cree en el amor a primera vista.
La seguí. Su espalda, su cabello y su culo flaquito me fascinaban. Me extrañó que los demás hombres no la mirasen. No somos muy originales para mirar mujeres. Se metió en una galería vieja. La perdí. Solo veía gente mirando las distintas vidrieras. Ropa, libros, tatuajes, pelotudeces, la cartelera del cine. Caminé por la galería. Mucho polvo y luz tenue. Un hombre, petiso, robusto y morocho me habló. Primero no le entendí. Después si, me ofreció pasar a un prostíbulo en el subsuelo. Me dio volante y me dijo “Muy lindas chicas maestro”. Acepté. Mintiéndome, olvide a la mujer hermosa y me dispuse a un poco de sexo vano.
Estaba oscuro, me acomode en un sofá roto en un living minúsculo. Video clips en la televisión. Yo era el único cliente. Me ofrecían un vino asqueroso. Tomé tres vasos. Cortesía de la casa. Pasaban las chicas, una flaquita estaba linda, el resto eran viejas, grasosas, peludas y una hasta era horrible. Tampoco podía pedir mucho. Pague por media hora. Cuarenta pesos. Pasé a la habitación.
No se me paraba, era por el alcohol. Ella me ayudó. Tuvimos sexo. Quedaban cinco minutos de turno. Ella, “Nancy”, me empezó a contar de su vida. Dos hijos. No quería saber tanto. No importaba, la escuche, ella lo sintió y aunque estaba ebrio me pidió opinión sobre sus problemas. Terminó el turno, me vestí y salí. Me saludó amistosamente.
En la entrada, el petiso estaba tomando una cerveza, me ofreció unos tragos. Le había caído bien. Me despedí. Hacia la playa, en una calle oscura y llena de baldíos, me topé con diez adolescentes. Estaban borrachos/drogados/encadenados y cantaban una canción de Los Redondos. Me puse a corear con ellos, se rieron, me dieron una botella de plástico sin etiqueta con vodka caliente y lima limón, me imploraron que hiciera fondo blanco. Lo hice. Ellos festejaban y bailaban a mi alrededor, como indios oligofrénicos, ante mi, un tótem humano de la autodestrucción. Siguieron camino hacia un boliche, me saludaron. Llegué a la playa.

La playa es un desierto bobo. Yo estaba muy ebrio. Me dolía la cabeza, la panza. Revuelto y mareado, me costaba caminar. Mas en la arena, en la tierra del padre. Hasta aquí llegaba sin mi cordón umbilical, sin la protección del útero dorado. Era un inútil, mi cuello estaba cubierto de mordiscos de puta, mi estomago entumecido y mi mente, violada. Me deprimía a cada paso, más de lo que hubiera imaginado. Sentía un cosquilleo en las venas de la mano. Estaba condenado a vivir con mi madre, a trabajar por dinero y no por placer, a seguir buscando pareja a los cincuenta y cinco, a no tener hijos. Me detuve y me rete a mi mismo, a llegar a La Lucila caminando. No se por que.
Camine. Me resbalaba, me tropezaba en la arena mojada, me saqué las zapatillas. Cada tanto veía pequeñas bolas de fuego en la arena, gente con guitarras cantaba alrededor. Había mucho olor a marihuana. Algunas parejas se revolcaban en los medanos. La luz de la pequeña ciudad me cegaba y el ruido de las olas me aturdía. Nada me calmaba. “No sobrevivía solo en San Bernardo, jamás podría en Buenos Aires” Me decía una y otra vez.
Caminé>morí>caminé>me asfixie>caminé>me suicidé>>suicidio-(pero resistí, resistí, resistir)-Caminé…Llegue a un balneario, me caía. Me arrodillé junto a una carpa y vomité. Vomité las empanadas acidas, el vino de kerosén, los porros secuestrados, las noches de putas, los suicidios ajenos que nunca pude evitar. Vomité mi vida. Me desplomé en la arena. Me dolía la garganta. Uno de mis ojos permanecía abierto. Vi todo caer en un abismo y como ardía en un infierno. A mis amigos, a la chica hermosa y deprimida que había perdido de vista. Todo ardía, todo caía. Mi ojo se cerró.
...

jueves 16 de agosto de 2007

PORNO

La noche era patética y hermosa. Vulgar. Introduje grasa en mi cuerpo, historietas, Pink Floyd sonaba pero no lo escuchaba. Nada en mi cerebro quería profundidad.
El reloj de mi computadora marcó la 1.30.
Internet, entré a buscar pornografía. Una fruta con gusano. Páginas de chicas de veinte, diecinueve años, no estaban desnudas, eso excitaba más. Eran muy sensuales, sus caras, su frivolidad incomprobable hundida en una foto, sus pieles, su carne, carne ¡Carne!
El arte de Onan. La chica era increíble.

Entre al baño a limpiarme. Puerta-ducha-cortina-agua-piel-jabón. Pensar, azulejos. Pantallas que nunca sabemos si nos unen o nos separan, o si tan solo son una mentira ¡Splash!

Salí del baño. Pasé al living, mi piel se secó en un segundo, la toalla se cayó, golpeó el piso como un pedazo de metal y mis ojos explotaron hacia adentro.
Había una joven apoyada contra mi biblioteca, salía humo de su cuerpo como si estuviera quemada, pero no lo estaba, tenía tanga y corpiño azules, era una chica de Internet ¡No! ¿¡Qué era esta trama de video clip pedorro, de realismo mágico, en mi noche con sabor a envoltorio de hamburguesa!? No existe lo mágico, sólo lo paranormal.
Tantas veces, en vano, había afirmado mi cordura, todo en esta neurosis sangraba, era un volcán de alambres, un vómito que reingresaba al vomitante y se volvía a vomitar. Ella seguía allí como una galaxia sexual, era el mayor de los sadismos encerrado en epidermis. No hablaba, existía o algo así.
Le miré las tetas y todo lo psíquico se apagó, montones de reptiles empezaron a caminar dentro de mí pidiendo sexo ¡Sexo! Apague la luz, en la oscuridad veía el humo salir incesante de su piel y su ropa interior brillar. La tomé, la mordí, me incendié. La tomé de la cintura y la metí en mi cuarto. Me la garché.

Salí de mi cuarto, ella se quedó en la cama, no hablaba, entré al baño ¡Splash! Volví a mi cuarto, abrí la puerta, su cuerpo desnudo no estaba, solo había oscuridad.

La guitarra de Gilmour aturdió la sinapsis de mi última neurona socialista, las gotas de agua caían sobre mi espalda como fideos cortantes, mi labio inferior besaba la bañadera y un hilo de sangre se iba con el agua. Me pare, me mire en el espejo, tenía un corte en la frente que estaba dejando de sangrar. Me puse un par de curitas, miré el reflejo de mi rostro, mi expresión, alivio, tranquilidad, todo había sido un sueño, la magia no existía. Mi cabeza estaba herida pero mi razón inmóvil. Dispuse ir a la guardia a que me cosieran la cabeza. Me sequé. Otra noche sin sexo.

Entre a mi cuarto a buscar un calzoncillo. Me encontré con un calor impresionante, todas mis ropas estaban sudadas, la cama mojada y desecha y toda la habitación desordenada. Me sentí aterrado, me puse un calzoncillo, un jean y una remera, fui al living a buscar mis zapatillas. La luz estaba apagada, la prendí temblando, salía humo de la computadora y de la biblioteca, los libros también estaban mojados con sudor. Todo en mí se rajo en diecinueve pedazos. Pánico. Había pasado la magia, yo estaba loco, loco, grité de sufrimiento, suspendí mi visita a la guardia. Puerta –ascensor-puerta.

Corrí por Beruti, buscaba un psiquiatra>amigo>alguien>un vaso de cerveza>siete vasos de cerveza. Dejé de correr, caminaba ligero, no quería aparentar locura. Llegué a un complejo de bares a media cuadra de Coronel Díaz, pensé que un montón de gente, me daría respuestas pero solo vi confusión.
Un bar, me senté solo en una mesa, esperaba que alguien me hablara, pedí una cerveza de litro, sonaba Aerosmith. Nada en mi cerebro quería frivolidad. Las manos me temblaban, costaba llevar el chopp a la boca, la espuma se caía por mis labios, la gente miraba, se reía. Se reían de mí, de mi soledad en una noche de sábado, comentaban mi locura, la cerveza caía sobre mi brazo, la herida comenzó a sangrar.
Me paré, dejé siete pesos sobre la mesa, me metí en el baño, me limpié la sangre. Salí del bar. Nadie me daba respuestas.

Caminé>caminé ligero>troté>corrí. Iba hacia los bosques, pensé que la naturaleza curaría esta noche inexplicable. Las pocas personas que se cruzaban, me miraban, mi desesperación era el sentir más fuerte de toda la ciudad.
Cruce Figueroa Alcorta, me escabullí por los bosques que están al lado del Planetario. Entre las copas de los árboles se formaba un agujero que me dejaba ver la luna llena, mi estructura mental era tan confusa que no me permitía formular una pregunta, gire unos segundos mi cabeza hacia Avenida Sarmiento.
Un BMW negro que venía a una velocidad descomunal se inmoló contra el baúl de un Fiat Duna, del BMW salió disparada una chica desnuda a través de los vidrios, cayó, su espalda se raspó contra el asfalto, un taxista no puedo detenerse y pisó su cuerpo. Humo, metal y sangre.

Me di vuelta, un topo explotó en mi cráneo, volví a caminar, todo en mí era irracional, nada tenia sentido, ni los cerebros ni las estructuras. ¿Y qué si una mujer fascinante había salido de mi computadora jadeante por sexo?¿ O si nada había pasado? No importaba, la razón, es razón si es placer.
Me estoy engañando, nada puede derribar mi estructura ultrarracional, Golliat de mis conclusiones. No, no me engañaba, toda pared puede caer, la magia existía, absoluto placer todo lo que escapa de nuestra cavidad craneal. ¿Por qué perseguir mi locura indemostrable? Si había tanta razón sanguinaria dando vueltas. Nada era verdad. Nada era mentira.
En mí ahora vivía una vitalidad arrolladora, mi frente no sangraba, ahora sólo quería placer. Máas y más.
Le hablaba a las chicas que se me cruzaban, las primeras me ignoraron, caminaba por Sinclair, eran las cinco de la mañana. Una chica petiza, rubia y bien vestida empezó a caminar a mi lado. Le hablé, algo le atrajo en mí, yo nunca era así, derramaba valentía y locura. Su sonrisa demolía mis dolores. Hablamos. La acompañe a su casa, me dio su número de celular.
Camine por Santa Fe rumbo a mi hogar, pasaban los colectivos, la basura se salía de las bolsas , los borrachos salían de los boliches y a las chicas se les corría el maquillaje. Nada era fruto de la razón. Llegue a mi casa.

Mañana será otra noche.